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Domingo, 23 de octubre de 2005
Por Ginés Cutillas.
Un koala vive en mi armario. Sé que suena extraño pero ... Una noche, a las cinco de la mañana, un ruido me despertó y cuando abrí los ojos no creía lo que veía. Un koala se dirigía, haciendo 'eses', hacia mi armario. Lo abrió, se acurrucó entre la ropa plegada y cerró la puerta.
En un principio creía que soñaba pero, tras levantarme a comprobarlo, me di cuenta que tenía al animal viviendo en mi armario desde vete a saber cuando. Como dormía placidamente, me dio pena despertarlo. Así que cerré la puerta y me acosté pensando en qué le diría al día siguiente. Pero cuando amaneció no se me ocurrió qué decirle (¿qué se le dice a un koala que vive en tu armario?) y así fueron pasando los días. Poco a poco le fui haciendo espacio en el armario para que estuviera más cómodo. Nunca le dije nada. Incluso alguna noche, cuando tardaba en llegar, me preocupaba y no podía dormir hasta que lo veía aparecer mientras me hacía el dormido y si llegaba muy borracho hasta le ayudaba a subir con la seguridad de que al día siguiente no se acordaría.
Él sabe que yo sé que existe, pero hemos llegado a un trato no oral (ni escrito) de ignorarnos.
Escribo esto en un papel mientras como en la mesa. Él está sentando enfrente de mi, masticando hojas, justo delante de la tele. Yo hago como que no le veo.
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Viernes, 22 de abril de 2005
Por Antonio Velo
Despertó de un sobresalto y sudorosa toda ella se levantó de la cama con las sábanas pegadas a los muslos. Humedecía sensualidad por sus poros y aunque la mayoría de las noches dormía sola, esa mañana despertó acompañada. No sabía su nombre, apenas recordaba su cara y no la recordaría ya que el susodicho en cuestión dormía bocabajo. Al poco tiempo lo reconoció por la forma de su trasero, y aún así llegó a la conclusión de que su amado se llamaba Jack Daniels.
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Jueves, 24 de febrero de 2005
Antes de que el idioma habitase en la lengua de los hombres, mucho antes de su primera plegaria, las preguntas se agolpaban como reses en la cancela de sus lagrimales. Solo mirando aprendían, y aprehendiendo atesoraban más ciencia de la que las palabras más tarde pudieran cobijar.
Pero un indeseable creó el verbo, que fue después, al contrario de lo que nos contaron. Y luego su peor discípulo se atrevió a pintar el verbo en una pared. Desde entonces languidece lo que una vez conocimos en el tren insólito de una impronta incierta. Y ya sólo conocemos lo escrito, veloz como una centella, como ese fotón que cubre millas en un parpadeo, peinando largas melenas de vidrio. Palabras de amor y desconsuelo, términos que acotan sensaciones y sentimientos, lexemas ateridos por el frio de lo inabarcable.
¿A dónde los conceptos libres? ¿Dónde la verdad desnuda?
Sobre una hoja un lápiz, y sobre él mi mano. ¿Que flujo incierto verterá sus humores en el averno impoluto de mi cuaderno? Abandonado por la verdad traté de dibujar su tenue perfil con carbón inapropiado, y tal es la palidez de su remedo que pagaré con mi alma la afrenta de haberlo intentado.
Sentir, pensar, decir; escribir ya al final de un incesante declive.
Autor: Carolo
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Sábado, 19 de febrero de 2005
En Santa Improvisada las puertas te entran afuera. Te hallas dentro de la inmensidad terrible del aire libre y girando pomos sales afuera, al interior. Así, si tu decides salir a tomar el aire basta con salir adentro. A veces las pequeñas hormigas salen de su habitación grandiosa del mundo y entran al exterior. Al llegar tras estrechos caminos a Santa Improvisada, te sales fuera, y entonces es, al salir, cuando entras en el pueblo.
Enviado por: Belvedere
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Martes, 15 de febrero de 2005
Era un profeta ten egregio que hasta el destino convergía en sus predicciones, doblegándose ante el empuje de su lucidez. La prospectiva comenzó siendo un pasatiempo en el penal de Siesia, tras las largas horas de tortura eléctrica a la que le sometían los invasores. Tras quince años de sufrir, desarrolló una pericia tal que era capaz de adivinar la fecha y hora de la muerte de sus compañeros reos, con la excepción de los albinos, a los que sólo podía predecirles el modo. Con el tiempo fue adquiriendo poder, al salir del penal y tras el triunfo de la resistencia fue nombrado Dueño y Señor de los destinos de Siesia. Las predicciones continuaban cumpliéndose hasta el punto de sorprender al propio profeta. Pasaba largas horas frente al espejo, atusando la larga barba tamizada de bello púbico femenino que no se molestaba en disimular. Alardeaba de conocer el destino de los hombres pero en su fuero interno sabía -y temía- que es imposible desentrañar al hombre en sí, porque siempre miente, y la mentira es el disfraz más elaborado de todos.
El pueblo se sentía orgulloso de ser su súbdito, al punto que, movidos de ese empuje demoledor que infunde el líder, fueron invadiendo los países limítrofes, los continentes, los océanos, los eriales... Su doctrina profética se instauró como único fondo y forma de ejercer el poder, centralizando todas las armas que éste tiene para doblegar las voluntades. Los años comenzaron a contarse a partir de su nacimiento y se barruntó su condición de demiurgo, ampliamente rebatida con el factor más claro de la vida que es la muerte. Con eso y con todo, dejó escritas decenas de miles de prediciones que indefectiblemente se iban cumpliendo con pavorosa precisión. El problema es que todas ellas eran nefastas, ninguna anunciaba el descubrimiento de una vacuna, el nacimiento de un prócer de la medicina o la venida de las buenas cosechas. Todas hablaban de imperios derrocados, familias reales pasadas por el garrote y cementerios repletos de seres rebeldes y utópicos.
Los matemáticos se esforzaban en encontrar el algoritmo de su sistema, una clave que permitiera a otros adivinar de ese modo. Pero sólo fue centenares de años después, cuando los ecos del profeta se hundieron en el cenagal del olvido, cuando aquellas altísimas torres sólo eran pedruscos sintetizados con las laderas de las montañas, sólo fue entonces cuando se descubrió la verdad. Un grupo de arqueólogos investigaban en las ruinas de Siesia, y en lo más hondo de una cueva, ocultos en un material inédito en esta era, encontraron unos escritos lacrados bajo el Sello se la Secta del Profeta. Databan de la época en la que el visionario se encontraba preso y eran una especie de juramento de un grupo de reos que prometían hacer cumplir todas y cada una de las macabras ideas de aquel insigne hombre. Irónicamente ellos fueron los profetas porque supieron ver que aquel árbol pusilánime, bien podado y bien limpiado su entorno de malezas, podría producir una sombra que les cobijaría de por vida.
Primer capítulo de la Secta del Profeta.
"Todo comenzó el día en que el profeta, por aquel entonces aun Claudio, adivinó la fecha de la muerte del alcaide invasor. Entonces, hermanos, comprobamos que el poder de la ignorancia era fuerte y que los demás empezaban a alabar al Profeta. Recordad siempre el primer asesinato que predijo y el olor que producían las vísceras de aquel infeliz cuando lo abrimos en canal. La primera de muchas muertes que nos conducirán a la riqueza en vida y quizás al averno en muerte".
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